Casi todo el mundo lo conoce: una sensación de ardor detrás del esternón, regurgitación ácida, sobre todo tras una comida copiosa o al tumbarse. La acidez ocasional es normal. Si aparece con regularidad, hablamos de enfermedad por reflujo, y esa conviene tratarla.
Por qué no hay que ignorar el reflujo
En el reflujo, el ácido del estómago sube al esófago. Con el tiempo puede inflamar la mucosa. En algunas personas la mucosa se transforma (esófago de Barrett), lo que aumenta el riesgo de cáncer de esófago. Por eso merece la pena estudiar el reflujo crónico y controlarlo bien.
Signos de alarma que hay que tomar en serio
- Dificultad para tragar o sensación de que la comida se queda atascada
- Pérdida de peso involuntaria
- Vómitos, sobre todo con sangre
- Heces negras
- Anemia (falta de hierro)
- Acidez que no mejora pese a la medicación
- Acidez de nueva aparición a partir de los 50 años
En estos casos debe hacerse una gastroscopia sin demora.
Qué ayuda en el día a día
Comidas más pequeñas, no cenar tarde, elevar la cabecera de la cama, perder peso, menos alcohol y tabaco. Muchos pacientes se benefician además de los protectores gástricos, que sin embargo no deben tomarse sin control durante años.
Cuándo acudir al especialista
Cuando la acidez aparece más de dos veces por semana, dura más de unas semanas o se suma alguno de los signos de alarma. En consulta aclaramos si conviene una gastroscopia y cómo controlar el reflujo de forma duradera.